¿Cómo se siente ser un adolescente con un hermano o hermana con necesidades especiales?
Ser niño ya es algo complejo, pero tener un hermano o hermana con necesidades especiales añade otra capa de desafíos. Estos niños suelen crecer y convertirse en adultos con una empatía, paciencia y madurez emocional excepcionales. A menudo demuestran un sentido de responsabilidad impresionante hacia sus hermanos especiales a lo largo de sus vidas. Muchos niños con necesidades especiales dependen de sus hermanos para aprender, orientarse y sentirse acompañados, admirándolos y queriéndolos con todo el corazón.
Sin embargo, tener un hermano con necesidades especiales también puede resultar frustrante—quizás incluso más que tener un hermano típico. Un niño con necesidades especiales podría romper cosas con más frecuencia, ser excesivamente dependiente, hacer ruidos fuertes o comportarse de manera impredecible. Las familias pueden enfrentarse a limitaciones, como los lugares a los que pueden ir, la frecuencia con la que pueden salir de casa o cómo se distribuye la atención entre los hijos. Los hermanos pueden sentirse avergonzados o reacios a invitar amigos a casa debido al comportamiento de su hermano o hermana.
En estas familias, todas las emociones son válidas, y es fundamental dar espacio a sentimientos de enfado, frustración, injusticia e incomodidad. Cuando los padres reconocen estas emociones y ayudan a sus hijos a procesarlas, resultan más fáciles de gestionar. Por el contrario, las emociones que se ignoran o se prohíben pueden volverse tóxicas, provocando conflictos intensos o reapareciendo más adelante en la vida.
Un niño puede experimentar una mezcla confusa de emociones hacia su hermano con necesidades especiales. Por un lado, puede sentir el impulso de protegerlo, de aliviar su vulnerabilidad y hacerle compañía. También puede disfrutar de la admiración de su hermano y de la sensación de ser alguien en quien este confía y a quien ve como modelo. Por otro lado, puede sentir lástima, ira o tristeza por las dificultades y limitaciones de su hermano, acompañadas en ocasiones por cierta agresividad. Estos sentimientos contradictorios pueden generar vergüenza y culpa.
Los niños que perciben que reciben menos atención que sus hermanos pueden sentirse menos queridos o importantes. Si sienten que sus padres dedican la mayor parte del tiempo al hermano con necesidades especiales, pueden interiorizar la idea de que no deben pedir apoyo ni ser una carga. Como resultado, podrían adoptar una actitud excesivamente madura, sintiendo la presión de ser responsables y de no añadir más estrés a sus padres. Algunos niños pueden sentir que deben cumplir expectativas muy altas por miedo a decepcionar. Otros pueden aislarse, suprimiendo sus propias necesidades y emociones para evitar sentir culpa por pedir atención cuando otro hermano parece necesitarla más. Con el tiempo, esta carga emocional puede derivar en ansiedad o incluso depresión.
No cabe duda de que crecer con un hermano con necesidades especiales es un desafío. Sin embargo, a largo plazo, estos niños suelen convertirse en adultos compasivos, pacientes y empáticos. Se recomienda a los padres mantener una comunicación abierta y reservar tiempo exclusivo y de calidad con cada hijo—especialmente con aquellos que tienen un hermano con necesidades especiales. Cada niño en la familia es especial. Cada niño merece sentirse amado y valorado por lo que es.