Lo que debes saber sobre el tratamiento de trauma con EMDR
La Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares (EMDR) es un método científicamente probado para aliviar los síntomas del trauma. En las últimas décadas, ha sido avalado por organizaciones líderes como la Asociación Americana de Psicología (APA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) como un tratamiento basado en evidencia para el trauma.
La terapia EMDR utiliza movimientos oculares guiados para ayudar a los pacientes a reprocesar recuerdos traumáticos, reduciendo su intensidad emocional. Este enfoque específico puede proporcionar un alivio significativo de los síntomas angustiantes e incapacitantes, a menudo en un período de tiempo relativamente corto. Es especialmente eficaz para personas que estaban emocionalmente estables antes de experimentar un trauma repentino y devastador.
Sin embargo, el EMDR no es una “cura mágica” y puede no ser adecuado para todos. A pesar de su efectividad, requiere formación especializada, supervisión y certificación para garantizar una práctica segura y ética. Aunque el proceso pueda parecer sencillo, aborda aspectos frágiles de la psique de una persona—especialmente las áreas afectadas por el trauma.
Antes de iniciar el tratamiento con EMDR, es fundamental preguntar si el terapeuta está especializado en trauma y si ha recibido certificación formal en esta técnica. Los terapeutas deben ser siempre transparentes sobre su formación académica, certificaciones y experiencia profesional.
No todos los pacientes son candidatos para la terapia EMDR, y su idoneidad suele evaluarse durante la consulta inicial o las primeras sesiones. Aunque el EMDR se considera generalmente muy seguro, nunca debe utilizarse en personas para quienes se considere inapropiado.
Para aquellos que luchan con síntomas graves o prolongados de trastorno de estrés postraumático (TEPT), a menudo es necesario un apoyo psicológico continuo. Aunque el EMDR es excelente para reducir los síntomas relacionados con el trauma, no aborda cuestiones más profundas como patrones de relación, reflexiones sobre experiencias pasadas o el impacto del trauma en el desarrollo emocional durante la infancia.
Como en cualquier terapia, el éxito depende de encontrar un profesional de confianza y con experiencia. Juntos, podréis explorar si el EMDR—o algún otro enfoque—es el camino más adecuado hacia la curación y la recuperación.